Brasil ya está en modo electoral.
A medida que se acerca el 4 de octubre, fecha de la primera vuelta presidencial, la disputa entre el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro comienza a convertirse en una de las elecciones más observadas de América Latina.
Y hay un dato que modifica la fotografía de la campaña: la ventaja de Lula se está reduciendo.
La última encuesta BTG/Nexus, difundida este lunes, ubica a Lula con 41% de intención de voto en primera vuelta, frente al 37% de Flávio Bolsonaro. Pero el dato que genera mayor expectativa aparece en el escenario de segunda vuelta: Lula obtiene 46% y Flávio 45%, una diferencia de apenas un punto y dentro del margen de error.
El escenario, por ahora, es de empate técnico.
Una carrera que dejó de tener un favorito claro
Los números de Datafolha publicados el viernes mostraban una ventaja algo mayor para Lula: 39% frente a 33% de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, mientras que en un eventual balotaje el presidente alcanzaba 47% contra 43% del senador.
La tendencia, sin embargo, resulta clara: Flávio está acortando distancia.
El hijo del expresidente Jair Bolsonaro intenta presentarse ante el electorado como una figura más joven y renovada de la derecha brasileña, mientras Lula apuesta a su experiencia, a los resultados de su gestión y a la capacidad de mantener unida a su coalición.
El problema para ambos es que la elección todavía está lejos de estar definida.
El centro puede convertirse en la llave
Uno de los factores decisivos será qué hagan los partidos que no se alinean automáticamente con ninguno de los dos polos.
Seis partidos del denominado Centrão —MDB, PSDB/Cidadania, Progressistas, União Brasil, Republicanos y Podemos— decidieron mantenerse neutrales por ahora, sin respaldar formalmente ni a Lula ni a Flávio Bolsonaro.
Ese espacio tiene un peso considerable en el Congreso y puede convertirse en una pieza fundamental tanto para la campaña como para la gobernabilidad del próximo presidente.
Por eso, la elección brasileña no se definirá solamente en la disputa entre Lula y Flávio.
También estará en juego qué Congreso tendrá el próximo Gobierno y qué capacidad tendrá para construir mayorías.
El voto femenino, otro territorio decisivo
Las mujeres representan una parte fundamental del electorado y, según las encuestas más recientes, constituyen uno de los principales puntos de diferencia entre ambos candidatos.
Datafolha registra a Lula con una ventaja significativa entre las mujeres: 41% contra 29% de Flávio Bolsonaro. Otros sondeos recientes también muestran una diferencia importante a favor del presidente en ese segmento.
En una elección tan cerrada, ese comportamiento puede ser determinante.
La disputa también se juega en los grandes estados.
Flávio aparece fuerte en São Paulo, Río de Janeiro y el Distrito Federal, mientras Lula mantiene una ventaja amplia en estados como Pernambuco. En Minas Gerais, uno de los territorios electorales más importantes del país, los números muestran una competencia mucho más equilibrada.
Trump y una campaña que trasciende Brasil
La elección brasileña también adquirió una dimensión internacional.
El presidente estadounidense Donald Trump mantiene una relación política cercana con el bolsonarismo y ha intervenido públicamente en la disputa brasileña. La relación entre Washington y Brasilia se deterioró además por la imposición de aranceles estadounidenses y por las tensiones en torno a la situación judicial de Jair Bolsonaro.
Una reciente encuesta de Datafolha mostró que la mitad de los brasileños considera posible algún tipo de interferencia extranjera en las elecciones, en un contexto marcado por las tensiones con Estados Unidos.
Para Lula, la defensa de la autonomía brasileña frente a Washington forma parte de su discurso internacional.
Para el bolsonarismo, en cambio, la relación con sectores conservadores estadounidenses constituye una herramienta política que puede movilizar a su electorado.
El primer debate dejó una señal inesperada
La campaña también tuvo este domingo una escena significativa.
El primer debate presidencial reunió a seis candidatos invitados, pero ni Lula ni Flávio Bolsonaro asistieron, pese a ser los dos dirigentes con mayores posibilidades de llegar al balotaje.
Lula eligió participar ese mismo día de una entrevista televisiva, mientras que Flávio tampoco concurrió al debate.
La decisión generó críticas y dejó una imagen particular de esta campaña: los dos principales candidatos parecen apostar a evitar escenarios donde puedan perder control del mensaje.
Un país dividido frente a una elección decisiva
Brasil elegirá presidente el 4 de octubre, además de gobernadores, senadores y diputados. Más de 155 millones de brasileños están habilitados para participar de los comicios.
Lula busca un nuevo mandato y enfrenta una pregunta que atraviesa toda su campaña: si su experiencia y su gestión serán suficientes para convencer a un electorado que también reclama renovación.
Flávio Bolsonaro, en tanto, intenta transformar el capital político de su apellido en una candidatura propia y demostrar que puede ampliar el espacio de su padre más allá del núcleo duro del bolsonarismo.
Por ahora, ninguno puede sentirse ganador.
Las encuestas muestran una elección abierta, una derecha competitiva y un presidente que conserva ventaja, pero cada vez más estrecha.
Brasil todavía no sabe quién gobernará a partir de 2027. Lo que sí empieza a quedar claro es que la elección será mucho más ajustada de lo que parecía hace apenas unas semanas.
Y en una carrera donde un solo punto puede separar a Lula de Flávio Bolsonaro, cada voto —y especialmente el de quienes todavía no decidieron— puede terminar definiendo el rumbo de la mayor democracia de América Latina.
Fuente: Marianela Mayer