Nueva York siempre ha presumido de ser la ciudad que nunca duerme, pero últimamente pide silencio a gritos. Por eso cada vez hay más espacios donde lo más valiosos es la falta de ruido. Se las conoce como cafeterías silenciosas y se han convertido en auténticos refugios urbanos para reconectar con uno mismo.
Nueva York siempre ha presumido de ser la ciudad que nunca duerme, pero últimamente pide silencio a gritos. Por eso cada vez hay más espacios donde lo más valiosos es la falta de ruido. Se las conoce como cafeterías silenciosas y se han convertido en auténticos refugios urbanos para reconectar con uno mismo.
En el café Biblioteque, ubicado en pleno barrio del Soho, Silvia
Haeminens busca precisamente eso: un buen ambiente de trabajo en el
que pueda concentrarse.
“Siento que hay buena vibra, me encanta la música, está muy bien…
Aprecio el silencio, sobre todo tengo que acabar un trabajo”,
explica.
La pandemia disparó el teletrabajo y con apartamentos cada vez más
pequeños, muchos neoyorquinos han buscado despachos improvisados
fuera de casa. Es el caso de Marian Redford, sentada a pocos metros
de Silvia, disfruta de una infusión mientras se pone al día con sus
emails.
“Sí, he venido buscando un lugar donde me sienta cómoda, que sea
silencioso para que pueda trabajar, y no hay muchos lugares en esta
ciudad como este, así que cuando encuentro un lugar como este trato
de seguir viniendo”, cuenta Marian bajando la voz casi sin darse
cuenta. Aquí no hay lugar para gritos, ni para el estruendo de los
autos que se escucha fuera.
En la calle el sonido te recuerda que Nueva York es una de las
ciudades más ruidosas de Estados Unidos. Y cada vez más personas
entienden que el bullicio acaba pasando factura, la OMS (Organización
Mundial de la Salud) lleva años alertando de su impacto en el estrés
y el sueño. Y los expertos subrayan que el silencio ayuda a
recuperar la concentración.
De ahí que el silencio se esté convirtiendo en un pequeño lujo
cotidiano que los neoyorquinos buscan constantemente.
En el Silentcafe de Chinatown la calma y tranquilidad es casi una
norma. Sus paredes completamente blancas evitan cualquier tipo de
distracción, el olor a incienso llena la sala y unos enormes
altavoces se encargan de que la música esté siempre al volumen
justo. Para el propietario AJ Jacono, el hilo musical era fundamental
cuando abrió su negocio.
“Si la música estuviera muy alta, la gente no lo disfrutaría,
sería difícil escucharse, concentrarse. Cuando abrí el negocio
buscaba un lugar donde la gente pudiera hablar sin preocuparse de que
nada les moleste”, dice Jacono. Ahora en Nueva York el ruido ya no
está de moda, se busca un respiro que ayude a bajar revoluciones.
Fuente: Radio Francia Internacional – Corresponsal: Mamen Sala