El Senado confirmó al exabogado personal de Donald Trump como fiscal general de Estados Unidos por 50 votos contra 49. La ajustada votación expuso las dudas incluso dentro del Partido Republicano sobre su independencia y abre una nueva etapa para un Departamento de Justicia que queda bajo la conducción de uno de los hombres más cercanos al presidente.
El Senado confirmó al exabogado personal de Donald Trump como fiscal general de Estados Unidos por 50 votos contra 49. La ajustada votación expuso las dudas incluso dentro del Partido Republicano sobre su independencia y abre una nueva etapa para un Departamento de Justicia que queda bajo la conducción de uno de los hombres más cercanos al presidente.
Todd Blanche ya es oficialmente el nuevo fiscal general de Estados Unidos.
El Senado aprobó su designación durante la madrugada del sábado 8 de agosto, en una de las votaciones más ajustadas de los últimos tiempos para un titular del Departamento de Justicia. El resultado fue 50 votos a favor y 49 en contra, con los demócratas votando en bloque contra el candidato y dos republicanas —Susan Collins y Lisa Murkowski— sumándose al rechazo.
El voto decisivo llegó desde el propio campo republicano. El senador Bill Cassidy terminó respaldando a Blanche después de semanas de incertidumbre y permitió que la Casa Blanca consiguiera la confirmación de uno de los funcionarios más estrechamente vinculados con Donald Trump.
La designación representa mucho más que un cambio de nombres en el Departamento de Justicia.
Blanche fue abogado personal de Trump y lo defendió en tres causas penales, entre ellas el proceso relacionado con los pagos a la actriz Stormy Daniels. Tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, fue designado inicialmente como fiscal general adjunto y posteriormente pasó a ejercer como fiscal general interino.
Ahora deja atrás el carácter provisional del cargo y pasa a dirigir de manera permanente una de las instituciones más poderosas del Gobierno estadounidense.
Las dudas sobre su independencia
La cercanía entre Blanche y Trump fue precisamente uno de los principales argumentos utilizados por sus críticos durante el proceso de confirmación.
La preocupación planteada por demócratas y algunos republicanos no se centra solamente en su relación personal con el presidente, sino en si el Departamento de Justicia podrá mantener suficiente independencia frente a la Casa Blanca.
Durante las audiencias y las negociaciones previas a la votación aparecieron cuestionamientos relacionados con el denominado fondo contra la "instrumentalización" del Gobierno, un acuerdo de unos 1.800 millones de dólares que había generado fuertes críticas por sus posibles beneficios para aliados de Trump.
Las objeciones obligaron a Blanche a realizar concesiones para conseguir el respaldo necesario en el Senado. Finalmente, esas garantías permitieron evitar que la nominación naufragara.
Trump obtiene una pieza clave para su política de seguridad
Con Blanche confirmado, Trump consolida el control político sobre una institución fundamental para su agenda.
El Departamento de Justicia supervisa al FBI, la DEA, los fiscales federales y otras agencias encargadas de hacer cumplir las leyes federales. Su titular tiene, por lo tanto, un papel central en cuestiones que están entre las principales prioridades del presidente: inmigración, narcotráfico, crimen organizado y seguridad interior.
El propio Departamento de Justicia señala que las prioridades de Blanche incluyen combatir la inmigración ilegal, desmantelar organizaciones transnacionales de narcotráfico, enfrentar el crimen violento y proteger a los contribuyentes frente al fraude.
Durante sus primeros meses como interino, el Departamento ya avanzó en esa dirección.
A finales de julio, por ejemplo, el Gobierno presentó el primer caso ante el nuevo tribunal destinado a expulsar de Estados Unidos a extranjeros considerados terroristas, mientras continuaron las operaciones federales contra organizaciones criminales y delitos relacionados con la inmigración.
Una confirmación que dejó fracturas en el Partido Republicano
La votación también reveló que la candidatura de Blanche generó resistencias dentro del propio oficialismo.
Collins y Murkowski se opusieron a su confirmación, mientras que Cassidy, que había mantenido dudas, terminó apoyándolo.
La escena mostró hasta qué punto la designación estuvo condicionada por una pregunta que atraviesa buena parte del debate político estadounidense:
¿Puede un fiscal general mantener independencia frente al presidente al que anteriormente representó como abogado?
Blanche sostiene que cumplirá con sus responsabilidades institucionales. Sus críticos, en cambio, consideran que su trayectoria junto a Trump constituye un conflicto de intereses difícil de ignorar.
El antecedente que pesa sobre Blanche
La relación profesional entre ambos comenzó antes del segundo mandato presidencial de Trump.
Blanche formó parte del equipo legal que defendió al entonces expresidente en diferentes procesos penales y se convirtió progresivamente en uno de sus abogados de mayor confianza.
Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, esa relación pasó del ámbito privado al Gobierno.
La Casa Blanca envió formalmente al Senado su nominación como fiscal general el 8 de junio de 2026, después de que Blanche ya hubiera asumido funciones de liderazgo en el Departamento de Justicia.
El Senado finalmente cerró el proceso dos meses después.
Una nueva etapa para el Departamento de Justicia
La llegada definitiva de Blanche marca un nuevo capítulo para el sistema de justicia federal estadounidense.
Para sus defensores, se trata de un funcionario experimentado que conoce el Departamento, tiene una relación directa con el presidente y está dispuesto a aplicar con firmeza la agenda de seguridad de la administración.
Para sus críticos, el problema es precisamente esa cercanía.
El desafío para Blanche será demostrar que puede mantener una línea institucional propia en investigaciones que involucren al Gobierno, al presidente o a sus aliados.
Porque ahora la pregunta ya no es si Todd Blanche será fiscal general.
Lo es.
La verdadera incógnita es hasta dónde llegará su independencia al frente del Departamento de Justicia y qué impacto tendrá su gestión sobre una institución que ocupa un lugar central en la disputa política estadounidense.