Con 350 años de historia, paredes de ladrillo rojo y una imponente chimenea, la antigua fábrica de cerveza Truman se erige como el edificio más emblemático de Brick Lane, en Londres. El complejo, que llegó a ser el mayor establecimiento cervecero del mundo y dejó de funcionar en 1989, ocupa cuatro hectáreas y media. Mientras una parte funciona actualmente como un mercado moderno con artistas y comercios locales, otra sección cuenta con almacenes abandonados donde se proyecta levantar un centro de negocios y un polémico centro de datos, lo que hace dos años desató la campaña vecinal "Salvemos Brick Lane".
El temor al desplazamiento y la pérdida de identidad
El sector digital choca de lleno con la realidad social de una zona históricamente conocida como "Banglatown", habitada por una gran comunidad de origen bangladeshí.
“Le están quitando a esta zona tan vibrante y hermosa su humanidad por la IA y dinero”, lamenta Atticus Pappin, un joven pintor retratista callejero.
En la misma línea, Shuman Kashim, dueño de un restaurante de la zona, advierte sobre el impacto económico: “Expulsarán a los pequeños negocios y traerán a gente más poderosa, con más dinero, las grandes empresas habituales. Esto subirá los alquileres y los impuestos a los comercios. No es un proyecto para los locales”.
Por su parte, Faysal Ahmed, regidor de Spitalfields y Banglatown, pone el foco en las urgencias demográficas del distrito: “Uno de los distritos más densamente poblados del país, con una de las tasas de pobreza más altas y la población joven de más rápido crecimiento. Necesitamos viviendas sociales, tenemos 31.000 personas en lista de espera”.
El debate entre la necesidad tecnológica y la crisis habitacional
El proyecto inmobiliario contempla una mínima oferta habitacional que genera indignación entre los especialistas en urbanismo. Paul Watts, profesor emérito de la Universidad de Birkbeck, califica la propuesta sin filtros: “Va a producir 44 viviendas, de las cuales solo 11 son asequibles, y solo seis de ellas serán de alquiler social. Es una broma absoluta. Es un insulto”.
Del otro lado, Mark Acton, director ejecutivo de la Alianza de Centros de Datos en Reino Unido (Data Centre Alliance, DCA), atribuye parte de la oposición al desconocimiento y defiende la infraestructura: “Gran parte de las críticas provienen de información de Estados Unidos. En Europa no hacemos las cosas igual. Ha habido un centro de datos durante más de 20 años en la fábrica de Truman y la gente no se ha dado cuenta. Mi esposa trabajaba allí”.
Acton remarca además la dependencia digital de la sociedad actual: “Sin estos centros no tendríamos banca en línea ni Netflix ni Amazon ni Facebook”. Sin embargo, el dilemático contraste persiste en el corazón de Londres, donde la expansión de la inteligencia artificial y la red choca de frente con las profundas necesidades sociales de los vecinos.
Fuente: Daniel Postico (Reino Unido)